cuando ya no había nada más a soñar me desperté

cuando ya no había nada más a soñar me desperté me voy a quedar en la cama más un poco los ruidos que vienen de abajo no son motivo para que yo me levante de la cama a verlo mejor quedarme con la incógnita no quiero hacer nada que quiebre el encanto no sé que encanto es ese pero no quiero romperlo una música apenas empieza es diferente de cualquier música que haya yo escuchado antes la melodía me invita a seguirla como si fuera música caminante salgo al final de la cama desperezando bajo por las escaleras paso por la cocina a tomar agua con la copa en la mano aun desperezando sigo la melodía hacia la sala al entrar topo con toda una orquestra no es grande pero es toda una orquestra el maestro yo lo reconozco por los bigotes son tan delgados como su dueño engomados para arriba son bigotes que bailan al ritmo de la orquestra no es esto el bigote es que dirige la orquestra todos los músicos lo miran fijamente en cuanto el maestro duerme sus bigotes trabajan la música tiene densidad es casi palpable se me olvida que estoy en mi casa pido permiso para sentarme a escuchar todos me miran admirados nadie me responde me quedo parada con la copa de agua en la mano la música está llenando la sala es tan dulce que mis oídos se pueden empalagar ya no puedo sentir el piso estoy fluctuando cuido que el agua de la copa no se derrame tengo tiempo de ponerlo sobre la mesa con delicadeza para no hacer ruido la melodía es continua no para nunca no hay pausas no hay silencios de ahí viene el riesgo de ser empalagosa cuando identifico el riesgo ya es tarde estoy saliendo por la ventana no estoy fluctuando estoy volando como un pájaro sin alas mi cuerpo es tan ligero dejé todo su peso en la sala doy muchas vueltas ahora sé lo que significa una delicia mas no puedo ir demasiado lejos no debo alejarme de la música si no la escucho mi cuerpo recupera el peso me caería de uno solo golpe sobre los árboles de la calle de la ventana de mí casa sale un humo muy suave como de un cigarrillo perfumado mi intuición me dice que debo agarrarme a él así entro de vuelta en el momento en que la música está terminando los músicos están exhaustos los instrumentos tirados en el piso el maestro no se ha despertado sus bigotes todavía se mueven comandando el primer violín un hombre de orejas muy grandes que continua a tocar solo le resta una cuerda que se rompe así que pongo los piés en el piso sentado a un canto fumando esta un conejo yo no lo había visto antes
Edi
Imagen: Claudia Sanchez -Volando






